sábado, 26 de diciembre de 2009

Una navidad anticipada con la belleza del Cascanueces con el Ballet Estatal de Moscú y la OSSLP





Por: Roberto A. Valenciano Capín.

Con la magia que conlleva este mensaje navideño como es el Ballet del Cascanueces de Pietr Ilich Tchaikovsky bajo el talento del Ballet Estatal de Moscú y con la aportación musical de la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí bajo la dirección concertante del Mtro. José Miramontes Zapata.
Un mundo de fantasía que sin más despertó en el espectador esa sensación de alegría y parsimonia, para otros la emoción era incontenible, al ser su primera vez y a la vez ser parte del lleno de las localidades en sus tres funciones en este recinto cultural.

Bajo el impacto inicial entorno a una escenografía que nos adentra a un mejestuoso salón de grandes ventanales flanquean sus costados ante un gran árbol navideño bordeado de regalos y sillas que nos remontan en una escena inicial.

Otro elemento de azoro fue sin lugar a dudas, el vestuario, que sin más nos remontó a ese mundo de fantasía poblado por juguetes (muñecas y soldaditos), hadas de nieve y de azúcar, princesas y príncipes encantados, arlequines, flores, bailarinas y sin faltar los personajes de lejanos confines geográficos.


Desde una obertura lleno de pleno deleite musical para conjugarse con los bailarines y todo este mundo de fantasía, al mostrarnos la frescura y el aliento en esa pieza llena de ludismo, donde por cierto participan bailarinas potosinas o de aquella niña ilusionada en un árbol navideño abrazando a su “cascanueces”, el reír y disfrutar de la opulencia con el rey de los ratones, así como apreciar el vals de “Los Copos de Nieve”, o deleitarnos con la fortaleza y rigor de la danza tradicional rusa “Trepak” y trasladarnos a la magia del vals de las flores, hasta soñar con el encanto de “El hada de azúcar”.


Sin embargo, quedarán en la memoria del espectador varias postales de onírica hermosura, escenificadas durante el segundo acto, siendo el más conocido por su música y, por tanto, el más gustado para muchos. Sin lugar a dudas fue el vals de las flores, donde una veintena de pétalos-bailarinas parecen flotar y difuminarse como acontece cuando uno cae en esa frontera entre la vigilia y el sueño.


Hay que reconocer el gran entrenamiento de los Primeros Bailarines Natalia Krapivina y Georgy Smilevsky, quienes han pertenecido al legendario Ballet Bolshoi y han interpretado las grandes coreografías del Ballet Clásico como “El Lago de los Cisnes”, “La Bella Durmiente” o “Cenicienta”, así como también el acercamiento de la comunidad dancística tunera con estas grandes puestas en escena, al tener la participación como cuerpo de bailarinas potosinas en el segundo acto de la primera parte.

Una obra que gira en razón en la historia de Clara en la víspera de Navidad, en la que vive un viaje fantástico con los juguetes navideños, en especial con un Cascanueces salvado por ella de los soldaditos, de los ratones y su malvado rey. El Cascanueces se convierte en príncipe, quien, en gratitud la conduce hacia un lugar maravilloso: El País de las Nieves, donde la reina y su corte de copos de nieve les dan la bienvenida, para luego trasladarse al país de los dulces.

Por su valentía al salvar al príncipe, le rinden honores a Clara con desfiles de diversos personajes de muchos países: El chocolate de España, el café de Arabia, el té de China, los danzantes rusos, las flautas de Caramelo, la mamá bombón y sus hijitos, las flores bailando un elegante vals, para finalmente el hada del azúcar y su caballero danzar especialmente para Clara y el Príncipe.

Una segunda parte que estuvo estructurada bajo la talante de un ballet más libre y vigoroso, bajo los apremios de "El triunfo de la Danza" del propio Nikolái Androsov, desplegándose y estrenada en estas latitudes estas piezas coreográficas, como fue el caso de la "Tormenta Invernal" de Sviridov y una improvisación

Así como también también ofreció escénicamente uno de los momentos más representativos de la historia balletística bajo influencia hispánica: El Pass de Deux del Ballet "Don Qujote" de Minkus, en la exquisitez y plasticidad de Natalia Krapivina y Georgy Smilevsky.

Al terminar tuvimos la oportunidad de platicar con su director artístico al preguntarle actualmente que significa el ballet clásico a lo que contesto; "prefiero utilizar el término de obra dramatúrgica o dramaturgía en la danza, ya que esto no puede ser una gimnasia vacía en lo que es básicamente lo que es el gran Ballet".

En cuanto al reto que se tuvo en cuanto a la dramaturgia dancística en torno a la adaptación del libro de Pushkin dijo que para el principio no sintió que hubiera un problema para armar esta coreografía.

Al destacar esta interesante conjunción al mezclar a los balletistas locales con la escuela moscovita, lo cual le resulto muy interesante y con mucho éxito.

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