lunes, 18 de agosto de 2014

Edita Conaculta las Obras Completas de Altamirano



 
 
El tamaño intelectual de Ignacio Manuel Altamirano (1834 -1893) fue tan grande que abarcó la cultura universal, nacional e hispanoamericana, la ciencia, educación y variados temas sociales y políticos. “Ese tamaño hoy se puede conocer en sus Obras Completas, editadas por Conaculta, cuya segunda edición es más precisa en sus referencias a escritores, corrientes de pensamiento y artísticas”, dice Alberto Cue García.

Son 24 volúmenes en los cuales se desprende ese abanico de temas que el escritor desarrolló en su vida. “Están sus trabajos biográficos e historiográficos, novelas, cuentos, poesía, crónicas de la ciudad, textos sobre teatro, costumbristas y educación, temas pedagógicos, cartas, un tomo de diarios, periodismo político y el índice, el último de los libros que se editó a finales de julio y presenta las referencias que hace el escritor en sus textos de personas, lugares y obras”.

Albero Cue, director Editorial y de Producción de la Dirección General de Publicaciones de Conaculta, señala que esta es la segunda edición de la Obras Completas de Altamirano, pero no es una reimpresión de la primera, realizada entre 1987 y 2005, y que sólo llegó al tomo 23, y que fue en su mayor parte una edición fallida tipográficamente y de otros aspectos.

“El esfuerzo de la recopilación e investigación que se realizó para elaborarla,  fue muy grande y a pesar de que hubo un equipo editorial que trabajó los tomos, tenían algunos errores de citas, referencias y nombres”.

Por ello, explica, al volver a capturar los textos y cotejar, encontramos discordancias y, en algunos casos, “acudimos a las fuentes directas de los libros que citaba Altamirano y así depuramos el trabajo de los 23 volúmenes”.

El que estaba pendiente era el tomo 24, el cual recién se publicó y es un gran índice que contiene todas las citas sobre los lugares, nombres de personajes, de obras artísticas, literarias, dramáticas... Este trabajo implicó una revisión exhaustiva y al final una cronología escrita por la doctora Nicole Girón, quien fue la coordinadora de toda la investigación inicial de la recuperación y de la primera edición de los tomos de Altamirano.

Alberto Cue explica que el del índice presentaba muchos errores que fueron subsanados y ahora ya se encuentra publicado, con lo cual las Obras Completas están terminadas y ya están en las librerías.

La edición tuvo varios intentos. Alberto Cue recuerda que el primer proyecto para publicar el corpus literario completo de Altamirano se realizó en la década de 1940. Agustín Yáñez y Catalina Sierra sólo lograron imprimir el primer tomo, el cual contiene todos discursos del escritor. “Por eso estas Obras Completas inician con este volumen”.

Luego, precisa, vienen los tres tomos que editó José Luis Martínez sobre literatura y arte y después las ediciones producidas entre 1987 y 2005.

EL ESCRITOR. Ignacio Manuel Altamirano es un intelectual y escritor de gran importancia en el siglo XIX. “Por un lado participa en la vida pública y cultural de México, pero también, y esto lo distingue de muchos, es un organizador del arte, de su producción y difusión en el país. Y, al mismo tiempo, es un liberal de tipo intelectual, más que un liberal de corte político”.

Son las características, añade Alberto Cue, que lo llevan a incursionar en la política. Después de la Guerra de Intervención, parece que aspiró a la gubernatura de Guerrero o también es relevante su paso como magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Aunque su intención era estar en la esfera política, no le fue fácil, porque su perfil era más de intelectual que de un político.

Por otra parte, añade, las dificultades acompañaron siempre a Altamirano durante su vida y tuvo que superar etapas complicadas. “En su infancia es testigo del regreso de los soldados vencidos en el año 1848, durante la guerra entre México y Estados Unidos, luego vive la Guerra de Tres Años, entre liberales y conservadores, y durante la etapa de la República Restaurada lucha por empujar el espacio de la cultura en México”.

A la par de la situación difícil de la nación, agrega Alberto Cue, hay un paralelismo entre el desarrollo del país y el crecimiento del autor de Clemencia, que genera en Altamirano una especie identificación. Por ello, su gran preocupación intelectual es dar a conocer las obras de autores, difundir la ciencia, impulsar la educación y, al mismo tiempo, crear un público capaz de apreciar el arte.

Porque su intención, detalla Alberto Cue, “no sólo era escribir y publicar en los periódicos, sino ir cultivando ese público para que la creación cultural tuviera resonancia social”.

Y todo este trabajo, Ignacio Manuel Altamirano lo piensa, lo celebra y conforma  dentro de lo que él llamaba La civilización republicana democrática: Un espíritu colectivo y vivo que mantiene en alto el propósito de que México se cohesione como una sociedad capaz de ejercer sus derechos civiles.

Lo anterior, muestra el sentido social del autor de El Zarco. “Buscaba que los mexicanos se integraran, incluidos los indígenas, y naciera sociedad libre y participativa”.

Sin embargo, al paso de los años y en el  final de su vida, Altamirano ve sus ideas con escepticismo. “Las condiciones del país, después de la República Restaurada, no favorecieron el desenvolvimiento de los derechos civiles, creció la desigualdad y, en ese sentido, hay una cierta frustración que guarda para sí mismo”.

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